Ponencia para el 1er Congreso Anarquista en México
Comencemos por lo evidente. Lamentablemente la situación que nos convoca es de crisis, decadencia, abusos y violencia contra nuestro pueblo. Esto implica que en la sociedad en que vivimos el bienestar común es sinónimo de utopía y pendejadas. Se vuelve entonces menester convocarnos para establecer un diálogo que nos lleve a encontrar los puntos en común tanto de nuestras inconformidades como de nuestros anhelos de cambio. Todo esto con el único motivo de potencializar la creación de nuestras propias vías de acción para la promoción de una contingencia al interior del sistema con el que no compaginamos nuestros intereses.
A riesgo de equivocarme, creo que si en algo coincidimos los aquí presentes, es en el hecho de que estamos artos del capitalismo neoliberal y su sistema de exclusión y domeñamiento. Cansados ya de esa lógica vigilante y punitoria que coarta nuestras posibilidades de ser y estar en un lugar que NO nos pertenece, pero al cuál si pertenecemos: el mundo.
No vengo a describir y denunciar lo que de sobra ya sabemos: hay pobreza, desigualdad y violencia, existe represión, inseguridad, racismo, hambre y un montón de tanta porquería y gente sin escrúpulos en el poder. Vengo entonces a asumirme como un sujeto en palabra plena y responder al llamado de gente que aunque no conozco considero mis semejantes, pues tengo esas dos cosas, al igual que ustedes compañeros, que a esos otros no les conviene que tengamos, esas dos cosas que de alguna forma son responsables que hoy estemos aquí dialogando sobre anarquía: un cerebro para pensar, y un corazón para soñar.
Vengo también para intentar asentar mis reflexiones frente a un público, el cuál supongo tiene deseos de escucharme como yo a ellos, esto como una forma de hacer lazo social específicamente para el encuentro de otros con quienes pueda compartir mis inquietudes y a los cuáles pueda en un futuro intentar seguir en las suyas.
Arte y Anarquismo es la temática que me ha interesado en lo particular para poder decirles algo, ¿Por qué el Arte si de anarquía se trata? Creo que más de uno coincidirá conmigo, y es que el arte es en primera una actividad que humaniza y patentiza el ser del ente humano dentro de un sistema social donde los seres humanos son poco a poco despojados de toda actividad crítica y reflexiva volviéndose individuos a-críticos y a-políticos, hasta el punto donde son alienados al deseo del mercado y devienen en cuerpos maleables y desechables. Porque dentro de un mundo des-humanizado, el arte es lo que humaniza.
En segundo lugar, a mi criterio, el arte conduce en sí mismo a una subversión subjetiva. Y en tanto el anarquista busca la subversión de un sistema jerárquico, la producción artística se torna una vía fértil para lograrlo. Si el anarquismo se trata de perturbar el status quo, de abolir la esclavitud y desigualdad, de dignificar nuestras condiciones de vida, de no tener absolutamente a nadie por encima de nosotros mismos, ni dios, ni gobierno, ni mercado, entonces el arte se nos presenta como una forma para apropiarnos de nosotros mismos, de nuestros tiempos y nuestros espacios. De nuestros silencios y nuestros tragos amargos, en otras palabras, de asumirnos responsables de hacer de la vida nuestra propia obra de arte.
Es importante puntualizar que el sistema en el cuál vivimos se vale de una multiplicidad de estrategias para sostenerse aun dentro de tanta inestabilidad política y económica. Una de ellas es el apropiamiento de la actividad artística como algo que exclusivamente pertenece a las clases dominantes. Cabe mencionar que prepararse técnica y teóricamente en la universidad para el desempeño profesional en una actividad artística es mucho más caro y difícil para las y los jóvenes de escasos recursos, tornándose así casi un privilegio de elites el poder dedicarse plenamente al arte en un ámbito profesional. Esto tiene un porqué, que ya he mencionado, y es el de mantener un status quo. Ya que de lo que se trata es de evitar que los de arriba dejen de tener opulencia y posibilidad de despilfarro y los de abajo continúen preocupándose y des-viviéndose por conseguir un pan con frijoles, antes que por materializar artísticamente algo de eso que en su condición de pobreza y miseria les acontece subjetivamente -pero no se preocupen- dirán nuestros gobernantes- si lo que quieren es sublimar, total les damos una mona y una caguama y que no la hagan de pedo, de todas maneras se sienten bien chiiido maestro.
Considero que el artista tiene la función social de denunciar las contradicciones de su propia sociedad a través de su obra. Se han imaginado cuántos niños de la calle, de esos que viven y mueren inhalando pegamento y limpiando parabrisas, pudieron haber nacido con un don artístico jamás descubierto y potencializado, capaz de denunciar a través de una obra creativa lo que la realidad de su día a día les significa.
Pienso en el grafiti urbano por ejemplo, y veo los signos de un artista olvidado, más aun rechazado y perseguido. Un montón de jóvenes que han terminado por creer que expresarse y denunciar la contradicción en la que viven es delinquir, y han asumido el rol del delincuente antes que el del artista. Esto les conviene a esos que nos oprimen, pues entre menos gente se asuma y descubra en el arte, más sólido y fuerte será su control y dominio sobre el pueblo.
Al igual que la libertad, la creatividad no es una cualidad que se tiene de ipso facto, y que una vez poseída permite al sujeto decir: “soy libre, soy creativo, soy artista, soy anarquista, soy humano”. Al contrario, la libertad al igual que la creatividad del artista son una lucha constante, algo que cuando se demuestra frente a otro se evapora en el instante en que esté ya no está. En este sentido el arte no sólo es un intento de luchar contra nuestra propia alienación sino también de denunciarla y corromperla.
El neurótico común, ese que padece por no poderlo todo a diferencia del neurótico artista, es un ser inconforme con la vida y sus condiciones existenciales, que fantasea todo el tiempo con lo que no tiene, con lo que no puede, con lo que no hay. Y sin embargo nada hace para cambiar o alterar eso que no le gusta y con lo que no está de acuerdo, además de repetir su propia historia en un interminable circulo de fracaso y auto-sabotaje. En cambio cuando el neurótico deviene artista, sus fantaseos cobran materialidad, encarnando sus deseos en una obra la cuál altera en sí algo del orden de la realidad.
Hagamos que el arte sea un respaldo en nuestra lucha, pues como arma jamás debe ser usado, de ser así dejaría de ser arte. El arte del que hablo es un arte que cura más no lastima, y debe ser usado para perturbar y denunciar aquello que ha sido fetichizado por los bombardeos masivos de las telecomunicaciones. Cómo sentir algo por esos muertos sin nombre que día tras días nos presentan en cortos informativos de 7 segundos: “17 personas fueron acribilladas y descabezadas por organización delictiva, las autoridades investigan las causas de la tragedia, en otras noticias más agradables, la boda real se aproxima...” Así sin más, esas 17 personas pasan a ser parte de los más de 25 mil muertos de los que estamos enterados y los cuáles no nos interesan más que la dichosa boda de un par de burgueses, reducto último de un sistema monárquico. En conclusión, el arte es aún una posibilidad real de volvernos solidarios con la tragedia de otros, de sensibilizarnos ante la denigrante situación que atravesamos como sociedad, como humanidad, y entonces movilizarnos a hacer algo. Un ejemplo de ello es la obra de Teresa Margolles, cito y cierro con un fragmento de Gabriela Martínez en su ponencia para el congreso Arte y Silencio llevado a cabo en la ciudad de Querétaro el año pasado:
“Imaginemos recorrer una sala de exhibición de una Galería o Museo y sin tener alguna referencia nos introducimos en ella. Nos encontramos con un espacio lleno de vapor, muy
similar al vapor de los baños o a los baños de vapor. Nos parece fascinante y un tanto
misterioso, nos causa cierta incertidumbre, en el preámbulo de una ceguera total. Estamos
casi transitando por algún extraño cuento.
El vapor va impregnando nuestras ropas, nuestra piel, manos, rostro; en el rostro el vapor
toca nuestros labios, nariz, boca, ojos, acaricia nuestro cuello, cabello, lo respiramos, inhalamos y exhalamos. Si pudiéramos describir este vapor en color y consistencia sería casi blanco, espeso. A medida que avanzamos a través de éste vapor buscamos “algo”, “algo más”, buscamos “ver algo”, al final ese algo será un encuentro con una ficha técnica, el título de la pieza: “Vaporización”. Y describe: Vapor producido por el agua proveniente de la morgue, agua con la cual se lavaron los cadáveres antes de la autopsia. Todos de personas asesinadas. (…)Estos cadáveres vuelven a poblar de algún modo el mundo. El origen del vapor es otro, el sistema para producirlo es el mismo, sin embargo, se descontextualiza a tal grado que la lectura del título y la ficha técnica de la obra nos aterra al darnos cuenta del origen del vapor, nos asquea, nos vulnera, quizá volvemos a poner los pies en la tierra y salimos de ese espacio que en principio parecía mágico, salimos de ese cuento de hadas para entrar en un silencio perturbador, salimos de ese imaginario para entrar en un silencio que petrifica el aliento, a la vez, enmudecemos pero no callamos, callamos pero no hay silencio. Es decir, aquí entramos en un estado tan perturbador y hasta confuso que en total silencio sentimos ese agudo zumbido en nuestros oídos, como si acabásemos de salir de una ensordecedora fiesta y que no nos permite escuchar o que no nos deja dormir. Nos encontramos de algún modo ante nuestra propia muerte.”[1]
Ivan J.M Rivas Ruíz.
[1] Congreso Internacional de Artes y Humanidades “Arte y Silencio”. 22,23 y 24 de septiembre con sede en la Facultad de bellas Artes. Santiago de Querétaro, México. 2010
No hay comentarios:
Publicar un comentario